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Experimentos e ideas para enseñar filosóficamente

septiembre 24, 2013

El artículo apareció originalmente en este enlace

A continuación, una traducción del mismo sujeta a revisión y mejora.

Experimentos e ideas para enseñar filosóficamente

¿Quieres que tus alumnos participen en cuestionamientos y debates filosóficos? El Dr. John Taylor comparte algunas formas sencillas de integrar el pensamiento independiente en el currículo.

Philosophy class

Estoy completamente a favor de enseñar más filosofía en las escuelas. Pero también estoy a favor de algo un poco diferente, a saber, la idea de la enseñanza filosófica. Con esto me refiero a una forma de enseñanza que promueva la libre investigación en las preguntas de la vida profundas, interesantes y, en última instancia, sin respuesta. Este tipo de investigación crítica, reflexiva debe producirse dentro y fuera del plan de estudios. Funciona mejor, de una manera integral, cuando buscamos preguntas filosóficamente interesantes relacionadas con cada tema de estudio.

Entonces, ¿cómo hacemos para enseñar filosóficamente? Éstos son algunos puntos de partida:

Es bueno hablar

Introduce la filosofía a través de la conversación con los estudiantes. No empieces con una conferencia o mediante una lectura muy larga. Basta con hacer una pregunta filosófica provocadora y dedica algún tiempo en las clases para permitir a los estudiantes hablar de ello. Algunas preguntas adecuadas son: ¿es real la mesa que se encuentra frente a Ud.? ¿Otras personas ven el color azul como tú? ¿Eres la misma persona que fuiste cuando naciste? ¿Qué es lo que hace que una acción sea la correcta?

Busca un lado humano interesante

Muchos estudiantes no tienen la confianza para hablar y compartir sus ideas en los debates en clase. Tienes una mejor oportunidad de lograr un diálogo si eligen un tema que sea de interés para tus estudiantes.  Así que trata de averiguar lo que ya podrían estar pensando. Escucha a tus estudiantes; ponte en sintonía con sus propias preguntas filosóficas y empieza desde allí. Para muchos adolescentes, por ejemplo, una pregunta sobre si el fútbol se ha corrompido por la cantidad de dinero que se maneja en el juego a menudo da en el blanco.

Utiliza la filosofía como un catalizador intelectual

Las pequeñas cantidades de filosofía, esparcidas por aquí y por allá, pueden dinamizar el debate en el aula y acelerar el proceso de ayudar a los jóvenes a que comiencen a pensar por sí mismos. No es necesario el desarrollo de un largo y completo esquema de trabajo. Sólo tienes que añadir la  pequeña gota rara de la filosofía a tus lecciones. Por ejemplo, me gusta colocar en las clases de matemáticas, la introducción a los estudiantes de las paradojas de Zenón y preguntarles si una serie infinita de tareas se pudo completar. Si su profesor de matemáticas que les deja la tarea de escribir todos los dígitos de Pi para la próxima semana, ¿podrían solicitar una prórroga de la fecha límite? ¿Podrían hacerlo incluso en un tiempo infinito?

No se trata de que “todo vale” en una discusión filosófica. Lo que cuenta en la filosofía es la calidad del razonamiento. Tal vez no hay respuestas comunes, pero esto no es una licencia para pensar descuidadamente o abandonado las reglas del razonamiento lógico. Tu trabajo, una vez que se inicia la conversación, es mantener la dinámica con el propósito de incrementar la profundidad. No tengas miedo de hacer preguntas difíciles: “¿Qué quieres decir con es?” y ” ¿Cuál es la evidencia de la afirmación?” Explica a tus alumnos que cuando les preguntas de esa manera, no estás faltando el respeto a sus creencias, por el contrario, les estás haciendo el gran servicio de tomarlas en serio y de preguntar si son realmente ciertas.

La incertidumbre y la controversia son tus amigos. Enseñar filosóficamente significa zarpar en un viaje de descubrimiento, donde, por su propia naturaleza, el destino final es desconocido. Tal vez ni siquiera deberíamos hablar de un destino final, la búsqueda, después de todo, es el objetivo. Los estudiantes a veces encuentran extremadamente inquietante esta incertidumbre. Pero si nos tomamos en serio el estimular a los estudiantes a pensar por sí mismos, tenemos que ir más allá de la idea de que el trabajo del profesor es proporcionar todas las respuestas.

Es nuestro trabajo hacer preguntas difíciles y dar a los estudiantes el valor y la confianza para empezar una conversación que puede no tener un resultado definitivo. Sin embargo, para tranquilizar a los estudiantes que cuestionan el sentido de estos debates, cabe explicar que, aunque no pueden estar ganando más conocimiento fáctico, sí están aprendiendo cosas realmente importantes. Están aprendiendo a pensar por sí mismos, y están aprendiendo a vivir con la incertidumbre.

John Taylor es el jefe de filosofía y director de habilidades críticas en la Rugby School, autor de Piense otra vez: una aproximación filosófica a la Docencia. Es evaluador principal en el Proyecto de Calificación Extendida y profesor visitante del Instituto de Educación

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From → Actividades

3 comentarios
  1. Elvira permalink

    Mi aproximación de hacer filosofía comienza en lo cotidiano cuando lo que me pasa me inquieta, me desconcierta, me supera, me deja sin palabras…entonces el intelecto comienza su vuelo; unas veces puede morir en un poema y otras veces se lanza al infinito…

  2. chela permalink

    Donde encuentro el libro?

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