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Importancia de la Enseñanza de la Ética

julio 11, 2014

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“El siglo XXI será ético o no será”.

—Gilíes Lipovetsky

Los libros de texto suelen ser para el estudiante una herramienta escolar de mera lectura y me­morización, sin un verdadero raciocinio. La labor de estos libros comienza y acaba en un ciclo escolar, en un aula y con un maestro determinado. Parece abismal la distancia entre el cono­cimiento que se aprende en la escuela y la vida real, la cotidianeidad, que no requiere de este tipo de saber.

Sin embargo, es necesario transformar esta visión tan reducida de la educación. Es indis­pensable que el alumno entienda que la educación no acaba con un diez en la boleta o con un diploma a final del año. Para tener una educación de calidad, es imprescindible que el alumno se vincule y se comprometa con aquello que está haciendo, con su formación.

Es precisamente en esta situación cuando la ética se hace presente. La formación ética debe ser una columna en donde el estudiante sustente su compromiso consigo mismo y con la socie­dad. Es por medio de este aprendizaje y discernimiento de quién es, cuáles son sus valores y qué debe elegir, que su formación se hará significativa, con plena conciencia de su responsabili­dad ante el mundo.

Pero la tarea de la ética no se acaba en la calificación o el examen. A pesar de que en las sociedades actuales no se le concede una gran importancia, la ética es un aprendizaje necesario y capital: pasamos la vida entera tomando decisiones y haciendo valoraciones, juzgando como “buenos” o “malos” hechos y personas. Requerimos siempre un consejo, una guía, ciertos valores o certezas a partir de las cuales podamos elegir alternativas acertadas y elaborar juicios racio­nales y certeros.

Para valorar y tomar buenas decisiones es necesaria una reflexión constante, un aprendi­zaje profundo de quiénes somos y qué queremos. Y es que juzgar y elegir no son acciones fáci­les o intrascendentes: siempre va de por medio nuestro futuro y el de nuestro mundo. Por eso debemos darle un gran peso a la formación ética, porque hemos de conocer nuestra libertad y nuestros valores. La ética es nuestra posibilidad de, como diría Fernando Savater, “vivir una buena vida”.[1]

La tarea más trascendental del individuo es la de conocerse a sí mismo; la de explorar sus posibilidades y limitaciones, para enriquecer así a su comunidad y a la raza humana. No obs­tante, ello implica un trabajo arduo y fatigoso que jamás acaba. En la actualidad, existen múlti­ples libros, cursos y personas que prometen una transformación y “superación” inmediatas; con recetas instantáneas y sin esfuerzo, ofrecen a las personas un mejor trabajo, más dinero, éxito inmediato, felicidad absoluta. La constante de estas promesas es que garantizan un cambio rá­pido con sólo comprar el producto.

Sin embargo, tal como la filosofía ha sabido desde hace muchos siglos, la transformación de los individuos no es asunto de días: requiere un trabajo constante y prolongado, de lucha y esfuerzo a lo largo de toda la existencia. No existen recetas para ser feliz, realizarse en la vida y alcanzar el éxito; cada persona tiene un camino distinto absolutamente personal, que debe ir descubriendo a lo largo de la vida. Ya lo dice el filósofo Friedrich Nietzsche: “Nadie puede construirte el puente por el que has de caminar sobre la corriente de la vida. Nadie a excepción de ti”.[2]

El conocimiento que nos proporciona la ética puede ser una sólida guía para esa travesía interior. Hace casi 2 500 años, Sócrates aseveró: “Conócete a ti mismo”. El objetivo de este autoconocimiento era, claramente, que tuviésemos una vida virtuosa, y que utilizáramos nuestras capacidades de la mejor forma posible. Esta sabiduría nos ha acompañado a lo largo de los si­glos, quizás porque en cada ser humano este viaje vuelve a comenzar. A pesar de que todos jun­tos poseemos una gran sabiduría colectiva, el viaje individual es único e intransferible.

Así, la ética, a pesar de ser una materia escolar, es a la vez una guía para el viaje de autodescubrimiento que todos debemos emprender…

[1]  Véase Savater, Fernando. Ética para Amador, Barcelona, Ariel, 1999; capítulo I.

[2]   Nietzsche, Friedrich. Schopenhauer como educador, Biblioteca Nueva. Barcelona, 1999, p. 28.

Extracto de la Introducción del libro Ética,. Una Visión Global de la Conducta Humana. María Eugenia Ojeda, Paula Arizmendi, Enrique Rivero. México, Pearson, 2007

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From → Etica y Moral

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