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Antonio Campillo: “Asistimos a una crisis silenciosa del pensamiento”

diciembre 21, 2014

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Antonio Campillo (Santomera, 1956) es filósofo y sociólogo, profesor en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Murcia y, desde 2010, decano de esta Facultad. Su labor investigadora ha versado especialmente sobre el concepto de «variación» (frente a otros conceptos filosóficos como el concepto moderno de «progreso» o el posmoderno de «repetición») y ha desarrollado también una fructífera reflexión sobre la globalización. Además, es presidente de la Conferencia Española de Decanatos de Filosofía y el primer presidente de la Red Española de Filosofía (REF), un colectivo que nace en forma paralela al anteproyecto de la Ley orgánica de mejora de la calidad educativa (LOMCE), y que en septiembre pasado organizó su primer congreso en la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universidad de Valencia.

José Artés | Fotografías: Miguel Lorenzo

¿Qué rasgos distintivos tiene la nueva ley de educación, la LOMCE, respecto de las anteriores en cuanto a la formación filosófica?

El rasgo diferencial de la LOMCE -aparte de otras muchas polémicas como el tema de las lenguas, el apoyo a la enseñanza privada y concertada o la segregación por géneros- ha sido, básicamente, un recorte en las materias de filosofía sin precedentes en la democracia española. Ahora mismo, en secundaria, hay tres materias filosóficas que forman una secuencia, que son Ética, de cuarto de la ESO, Filosofía y ciudadanía, de primero de bachillerato, Historia de la Filosofía, de segundo. Pues bien, la LOMCE suprime Ética -que pasa a ser una alternativa a la religión- y relega Historia de la Filosofía en la optatividad, dejando únicamente una materia obligatoria en toda la formación secundaria. Esto significa que, por ejemplo, un estudiante puede cursar la ESO y luego hacer un ciclo formativo de grado medio sin haber estudiado ninguna materia de filosofía, así como ir a la universidad habiendo tenido sólo un año de filosofía. Podemos comprender la gravedad de la situación si nos imaginamos una reducción similar en materias como las matemáticas que, como la filosofía, requiere una cierta secuencia temporal y formativa. Al igual que con las matemáticas, nadie nunca podría aprender filosofía en tan sólo un año.

¿Qué otras consecuencias puede tener esta progresiva extinción de la enseñanza de la filosofía?

El papel social de la filosofía es muy importante. En España tenemos muchos filósofos que participan en los debates públicos en prensa, radio y televisión. Filósofos muy reconocidos que crean opinión pública y participan en los debates públicos, sociales y políticos. Hacen falta intelectuales que aporten una mirada, una perspectiva particular y que eleven el debate. Y esto no sólo concierne a la formación general de los estudiantes, sino a la formación cultural básica de cualquier ciudadano de una sociedad democrática. Dice muy poco de un país esta forma de despreciar su tradición de pensamiento.

¿Esto quiere decir que los filósofos de un lado y del otro lado de los Pirineos no se involucran de la misma manera en cuestiones de actualidad política y social?

En España hay muchos filósofos con una vocación, digamos, más académica o investigadora, buenos profesores e investigadores sin una vertiente pública; pero también ha habido muchos filósofos conocidos con un compromiso público e, incluso, con cargos políticos. Sin ir más lejos, la profesora Victoria Camps, que cerró el primer congreso de la REF, ha sido senadora. Además, durante la última década ha habido en España muchos filósofos socialmente comprometidos en temas vinculados a la bioética, el nacionalismo, el feminismo y otros debates públicos. Quizás en España, aparte de Ortega, Savater y Zambrano, las filósofas y filósofos no han tenido el eco mediático e internacional que sí han tenido, por ejemplo, en Francia -o que tienen actualmente en Italia-, pero eso no quiere decir que no haya pensadores españoles comprometidos con diversas causas políticas y sociales, y también muy buenos profesionales. La producción intelectual española no tiene nada que envidiar a la francesa.

Como dice Martha Nussbaum, un decrecimiento de la educación filosófica puede repercutir en un decrecimiento de las dinámicas y actitudes democráticas de los ciudadanos.

Efectivamente, asistimos a lo que Nussbaum, en su libro Sin fines de lucro. ¿Por qué la democracia necesita de las humanidades, llama una “crisis silenciosa del pensamiento», que acompaña el resto de crisis de la que hablamos habitualmente (la económica, la política, la energética …). Esta crisis se traduce en una falta de apoyo a las humanidades, las artes y en todas las disciplinas y saberes «sin ánimo de lucro», es decir, la finalidad no es estrictamente económica, tecnológica o competitiva. Lo que afirma Nussbaum, al final, es que hay una vinculación fundamental entre la calidad de la democracia y el apoyo a todo este tipo de disciplinas. Resulta muy esclarecedor que, a pesar de la devaluación y la crisis de legitimidad que sufre nuestra democracia, esta esté cada vez más supeditada a valores de carácter exclusivamente económico y no a su propia formación cultural.

¿Cree que esta situación puede estar relacionada con lo que Michel Foucault llamó en su libro El nacimiento de la biopolítica, una “generalización de la forma económica del mercado en el cuerpo social»?

Completamente. Llevamos ya tres décadas de políticas neoliberales en todos los ámbitos de la vida pública (la educación, la sanidad y los servicios sociales), que han quedado socavados en todos los estados europeos y, evidentemente, esto también afecta a la manera de entender una sociedad y sus valores democráticos. Daré un ejemplo muy significativo: cuando se elaboró el plan estratégico de investigación de la Unión Europea, denominado Horizonte 2020, se previeron cinco áreas estratégicas, de las que no había ninguno que no incluyera, no ya la filosofía , sino ninguna de las humanidades ni de las ciencias sociales en su conjunto. ¿Qué tipo de concepto del conocimiento tienen las élites de la Unión Europea? El conocimiento reflexivo sobre nuestras sociedades -cada vez más complejas, inciertas, conflictivas y problemáticas- requiere conocimientos de sociología, de historia, de antropología y de filosofía en general. ¿Qué clase de sociedad están diseñando los gobernantes cuando consideren que pueden prescindir de ellos, de todos estos conocimientos? Ante la evidente protesta de los investigadores de humanidades de toda la Unión Europea, finalmente se incorporó una sexta área estratégica en la que, al modo de cajón de sastre, se quería hacer encajar todas las humanidades y las ciencias sociales. Este es un ejemplo de esta tendencia hacia un economicismo que conlleva una concepción cada vez más estrecha de lo que debe ser una sociedad.

Entonces, ¿qué futuro se dibuja en estos momentos para la enseñanza de la filosofía?

Nuestra idea es proponer a la Administración el currículo de unos estudios de filosofía, porque creemos que se pueden mejorar y que, de hecho, se deben modificar. El primer paso fue ponernos de acuerdo entre nosotros: en su momento se debatió y aprobó un primer borrador consensuado sobre qué mínimos formativos debería tener la enseñanza de la filosofía en los niveles no universitarios. El paso siguiente es presentarlo a la Administración para que tenga en cuenta el punto de vista de los especialistas en la materia. Está claro, sin embargo, que para poder hacerlo se requiere un interlocutor más receptivo y dialogante. El procedimiento habitual de un país democrático sería que los gobernantes escuchen a la comunidad filosófica a la hora de diseñar un currículo de filosofía. No vivimos, sin embargo, en un país democrático normal y tenemos un ministro que gobierna manu militari -ahora mismo ya se están elaborando los currículos para la LOMCE sin contar para nada con la REF. Ahí radica la anomalía, ya que en todas las reformas anteriores, las hiciera quien las hiciera, se formaban comisiones públicas de trabajo con expertos en las diferentes materias, es decir, que se sabía cuáles eran los expertos que elaborarían los borradores curriculares. En este caso, en cambio, no hay comisiones públicas, no sabemos quién está preparando los currículos y, por supuesto, a nosotros no nos han consultado.

Ha escrito que en el nacimiento de la Red Española de Filosofía ha habido un proceso constituyente equiparable al de movimientos ciudadanos como el 15M.

En la génesis de la REF, no sólo influyen las circunstancias históricas, que por supuesto han estimulado nuestra entrada en acción, sino también el procedimiento. Hubo intentos anteriores de organizaciones estatales que fallaron por conflictos entre grupos y por egos demasiado inflados, por eso era tan importante seguir un procedimiento más abierto, participativo y democrático, tanto como fuera posible, y por eso la comparación con aquel signo los tiempos que representó el 15M: la idea de que todo el mundo tiene voz, que hay que escuchar a todos y que los procesos de decisión deben tomarse de la manera más consensuada posible. Este es el método que hemos utilizado desde el comienzo, y sin duda que es una de las razones del éxito y del apoyo que hemos tenido.

En España, cada vez que se ha realizado una reforma educativa -y han sido muchas, ya que cada gobierno ha querido hacer la suya-, la filosofía se ha utilizado como una especie de moneda de cambio, como un comodín que poner y quitar, es decir: mostrando siempre una falta de respeto muy grande hacia una materia con tanta tradición y con tanto peso en la historia cultural occidental como las matemáticas o las lenguas. Cada vez que ha pasado esto, se han organizado movilizaciones.

¿Hay que reforzar los vínculos entre los docentes de secundaria y las universidades?

De la mano con un proceso de desarrollo y modernización muy importante que la filosofía española ha experimentado desde el franquismo, se han producido también una serie de divorcios entre, por un lado, la filosofía universitaria y los docentes de secundaria -que siempre se han sentido un poco abandonados e ignorados, cuando la realidad es que son la base y la cantera de la formación de los filósofos- y, por otro, en la universidad, entre las distintas áreas de conocimiento -cada una con sus asociaciones y congresos. Uno de los principales objetivos de la REF ha sido romper todas estas barreras y, aunque todavía se mantienen muchos desacuerdos entre nosotros, sí hay una voluntad de trabajar juntos.

De hecho, en la asamblea que realizó la REF en su primer congreso, se propuso la creación de una Comisión para la Olimpiada Filosófica, un proyecto que se realizó el año pasado en Salamanca y que puede servir de incentivo para los docentes de secundaria.

¿Y con el resto de la sociedad?

En este mismo congreso ha participado gente que no trabaja en la enseñanza, por ejemplo, gente que trabaja en la gestión cultural, en asociaciones de práctica filosófica o que se dedican al asesoramiento ético. La voluntad es que la REF no integre sólo los profesores, sino todos aquellos que ejerzan alguna de las distintas orientaciones o vertientes profesionales de la filosofía.

¿Hasta qué punto responde el nacimiento de la Red Española de Filosofía (REF) a una etapa filosófica diferente?

Uno de los inconvenientes, ahora mismo más graves, radica -no sólo en filosofía, sino en la sociedad española en general- en la fractura generacional. Tenemos un 57% de paro juvenil, el más alto de la Unión Europea. Esto significa que hay toda una generación con formación universitaria -también por encima de la media europea-, la generación mejor formada de nuestra historia, a la que le estamos diciendo: «No hay futuro para vosotros». Este es uno de los factores de la crisis que vivimos en este país. ¿Cómo se traduce esto en la filosofía? Pues, se produce una especie de adelgazamiento de la comunidad filosófica. Es decir, se jubilan las generaciones de filósofos reconocidos de la profesión, pero no se incorporan los jóvenes. Hay un corte generacional en el que la generación intermedia se está quedando sin relevo y con mucha más presión. Precisamente por ello, es esta generación intermedia la que se ha dado cuenta de la situación crítica que vivimos y de la necesidad de unir nuestras fuerzas para crear espacios donde la gente joven, al menos, se pueda sentir escuchada.

Traducido del original: «Assistim a una crisi silenciosa del pensament»

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From → España, Experiencias

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